martes, 21 de octubre de 2008

REUNION DEL 06/10

Los chicos del apostolado “Acompañamiento a jóvenes de la tercera edad” organizamos una reunión formativa que, dentro del tema del mes, trató puntualmente el papel de María en los orígenes de la Iglesia, las virtudes de María y su aplicación a nuestra vida, y una pequeña reseña sobre cómo surgió el rezo del rosario tal como hoy lo conocemos.

Aquí les dejo parte de las charlitas que preparamos y próximamente subiremos el resto:

 

MARÍA EN LAS PRIMERAS COMUNIDADES

 

·        Para hablar de María en los orígenes de la Iglesia, tenemos que ubicarnos en el momento en que Jesús crucificado, entrega a María como madre a Juan, su discípulo, y por medio de él, a toda la humanidad: “He ahí tu hijo, he ahí tu madre”.

 

“…Era su última voluntad; su regalo más querido; lo mejor al final. En su actuación postrera, Jesús entregó su Madre a la Iglesia, para que la Iglesia la cuidara con fe y amor. Y, a su vez, entregó la Iglesia a la Madre para que la atendiera con cuidado maternal y la condujera por el camino de la salvación…”

 “El silencio de Maria” de Ignacio Larrañaga

 

Allí nace la maternidad espiritual de María hacia todos nosotros. Y es por esto que se llama a María como Madre de la Iglesia. Jesús le deja a María como misión el presenciar y acompañar el nacimiento de la Iglesia.

 

“…Nació Jesús, según la carne, y sus primeros días transcurrieron entre persecuciones y fugas. Fue María, su madre, la que lo cuidó y defendió. Nació Jesús, según el Espíritu (la Iglesia) y nació en medio de una tempestad, y de nuevo fue Maria la que lo defendió, lo consoló, lo fortaleció.

 

·        Tratemos de imaginar por un momento lo que sintió Juan, lo que sintieron los discípulos de Jesús cuando su maestro moría, lo que sintieron luego cuando supieron que había resucitado, fueron muchas emociones juntas, muchos sentimientos encontrados. Dice este autor:

 

“…¿Qué había acontecido? Una serie encadenada de sucesos los había golpeado profundamente. Efectivamente, contra todo lo que esperaban, sucesivos acontecimientos se abatieron sobre Jesús, su maestro y lider, lo envolvieron y lo llevaron a la crucifixión y muerte. Ellos mismos apenas consiguieron escaparse de esa misma suerte.

            Como consecuencia, quedaron destrozados, desorientados, sin fe, sin esperanza y con miedo.

                        A los pocos días, la resurrección fue para ellos un golpe violentísimo que los levantó, como un huracán. Parecían aturdidos, alucinados, como autómatas que no pueden dar crédito a lo que están viendo y oyendo. No esperaban ni lo uno ni lo otro, a pesar de que ya se les había anunciado ambas cosas...”

 

Y allí estuvo María, conteniendo a los discípulos de Jesús, a sus nuevos hijos en el Espíritu. Dice el autor:

 

“…María es para cualquier momento consolación y paz. Ella transforma la aspereza en dulzura y el combate en ternura. Ella es benigna y suave. Sufre con los que sufren, queda con los que quedan y parte con los que parten. La Madre es paciencia y seguridad. Es nuestro gozo, nuestra alegría y nuestra quietud. La Madre es una inmensa dulcedumbre y una fortaleza invencible…”

 

·        La Biblia, en el libro Hechos de los Apóstoles, nos narra el momento en que Dios envía al Espíritu Santo con sus dones sobre María y sobre los apóstoles, lo que conocemos como Pentecostés. Ella estaba allí, presente y acompañando, en tan importante suceso.

Este E.S. que reciben, produce un mismo efecto en los apóstoles y en su Madre: confirma la misión que Jesús les había encomendado a cada uno y los lanza a su cumplimiento. Así como el E.S. actuó sobre María para que concibiera a Jesús, actuaba allí, en Pentecostés, dando inicio a la vida de la Iglesia, con María como testigo.

 

·        Este libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos habla de las primeras comunidades, de los orígenes de la Iglesia, no menciona mucho a María, sólo en el relato de Pentecostés y  en algún fragmento más. Esto es fruto de la época en que fue escrita la Biblia, en una sociedad patriarcal, llena de prejuicios respecto a la mujer. En este contexto, no quedaban bien que el escritor destacara la actuación brillante de una mujer. Este silencio sobre su accionar en los comienzos de la Iglesia es fruto también de la humildad de María, actuando siempre detrás de escena, sin atraer la atención.

Pero conociendo su personalidad y sus reacciones y comportamiento general en los días del Evangelio, podemos fácilmente imaginar el rol ocupado por ella en el inicio de la Iglesia. Dice este autor:

 

“…Podría imaginar las palabras que diría al grupo de discípulos cuando partían a tierras lejanas para proclamar el Nombre de Jesús. Puedo imaginar qué palabras de fortaleza y de consuelo diría a Pedro y Juan, después que estos fueron arrestados y azotados.

Ella, tan excelente receptora y guardadora de noticias, puedo pensar cómo transmitiría las noticias sobre el avance de la Palabra de Dios en Judea, y cómo, con esas noticias, consolidaría la esperanza de la Iglesia.

Allá en Belén, en Egipto, en Nazaret, Jesús no era nada sin su Madre. Le enseñó a comer, a andar, a hablar. María hizo otro tanto con la Iglesia naciente. Siempre estaba detrás de escenario. Los discípulos ya sabían dónde estaba la Madre: en casa de Juan. ¿No sería María la que convocaba, animaba, mantenía en oración al grupo de los comprometidos con Jesús? […]

¿No sería ella la consejera, la consoladora, la animadora, en una palabra, el alma de aquella Iglesia que nacía entre persecuciones? ¿No sería la casa de Juan el lugar de reunión para los momentos de desorientación, para los momentos de tomar decisiones importantes?...”

De verdad, el título más preciso que se le ha dado a María es este: Madre de la Iglesia

 

·        Como sabemos, los apóstoles compartieron con Jesús sólo sus últimos 3 años de vida. ¿Alguna vez nos preguntamos de dónde obtuvieron toda la información sobre la infancia de Jesús, que luego plasmaron en los Evangelios? Tuvo que salir de la boca de María, su madre, quien mejor lo conocía. Dice el autor:

 

“…Cuando las primeras comunidades, bajo la inspiración del Espíritu, comenzaron a proclamar a Jesús como Dios, sintieron necesidad de completar la perspectiva histórica del Señor Jesús. Necesitaban saber quién fue históricamente esa persona única, donde nació, cómo vivió, qué enseñó.

Ahora bien, en una gran zona de silencio que se cernía sobre el Señor Jesús, no había otro testigo ocular sino María. Y ella se transformó en la evangelista de aquellas novedades, ignoradas por los demás…”

 

Finalmente, otro aporte a la Iglesia y a todos los cristianos fue su vida, su testimonio. Con sus virtudes nos enseña cómo debemos hacer para seguir a Jesús. Maria es Modelo para el cristiano.

1 comentario:

Emilia dijo...

Holaaa gente! que linda reuni se mandaron las chiquis... hoy acuerdense de llevar la biblia que nos toca "Palabra"
Los quieroo! besito